Enuncia la canción que viajando se fortalece el corazón... y quien soy yo para contradecirla!
Para mi viajar es descubrir, conectarme con mi celda aventurera y llenarme los sentidos de nuevas experiencias, colores, paisajes, sabores, olores...
Hace mucho añoro un viaje de mochilas al hombro... parando donde pinte, llegando a cualquier lado, abriéndome camino. Pero por ahora no, no es un nunca, pero sí es saber que cada vez se hace más complejo, por una cosa o por la otra, fue el estudio, el trabajo y vacaciones express que reclaman una pausa algo más confortable, con cama y techo.
Mi personalidad hace que planifique con antelación, no día a día, pero se una serie de generalidades, destino, alojamiento, visitas, algo que cuando era chica era impensada porque mis papás acostumbraban a salir sin tanta planificación y estructura, y tal vez era más mágico y sorprendente, pero también a veces me resultaba desconcertante y fastidioso, aunque siempre era motivo de aventuras y futuras anécdotas.
A lo que voy es que para mi planificar es arrancar el viaje, es dejar un poquito el calor extremo y la rutina para imaginarme con los pies en un arroyito de las sierras es pensar en el olor de las hierbas, y saborear las delicias y el mate sin prisa. A veces poner tanta carga y expectativa podría pensar que las vacaciones podrían luego llegar a defraudarme, pero hasta ahora no, será que me conformo con poco o que me maravillo por cualquier pavada, pero en general siempre la paso bien.
Así es que mientras escribo estas líneas por mi cabeza ando escalando cerritos y degustando pan casero a la orilla de un río con corriente pero no tan frío de la provincia de Córdoba. Al regreso comento si fue suficiente para mis expectativas.
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